"Hace mucho que no estaba tan alto, en muchos sentidos..."

"Hace mucho que no estaba tan alto, en muchos sentidos..." | Noticias de Última Hora de Argentina

"Hace mucho que no estaba tan alto, en muchos sentidos..." — Hace un rato que venimos caminando entre montañas con Chufa y Facu. El guía dijo que vamos a llegar a los 4.250 metros sobre el nivel del mar. Creo qu...

Hace un rato que venimos caminando entre montañas con Chufa y Facu. El guía dijo que vamos a llegar a los 4.250 metros sobre el nivel del mar. Creo que alguna vez vi una foto de la laguna Humantay (Perú). Me parece que sí. Pero nunca imaginé que iba a estar acá. Y sin embargo, estoy. A casi nada de verla.

Paramos un ratito para recuperar aire. La altura es jodida de verdad. Esperamos al resto del grupo, y mientras tanto me saco una foto. Para cuando esté de nuevo abajo y no me lo crea ni yo. Desde lejos se ve una montaña tapada de hielo. El sol parece estar más cerca. ¿Cuánto falta? No tengo idea. Pienso en mis pulmones y en mis piernas que se la están re-bancando. Hace mucho que no estaba tan alto. En muchos sentidos.

Y seguimos. La mente, que suele cagarme seguido, esta vez se sorprende de mi cuerpo. De que esté respondiendo así. De que me sienta tan joven. O mejor: de que me sienta tan vivo. Porque una cosa es estar vivo, y otra muy distinta es sentirlo. Le pido al corazón que aguante. Y aguanta. Me divierte este esfuerzo. Este cansancio que pesa y a la vez no. Miro mis brazos, mis piernas, mi pecho, mi sangre en los dedos. Mis ojos siguen buscando el final. El agua. El cielo. La belleza que siempre parece estar un poco más allá. Pero ahora está acá nomás.

Empiezan a escucharse risas, gritos, pasos apurados. Veo gente sacándose fotos. Estamos a unos metros. Y entonces sí. La laguna. El color imposible. La calma. El frío. Y mientras me quedo quieto, mirando esa inmensidad silenciosa, siento cómo me voy desintegrando. Se me caen las partes, una por una: el ego, el individualismo, la necesidad estúpida de tener razón, los ruidos, los prejuicios, mi duende maldito, mi instinto peligroso, mis pulsiones extrañas. Me convierto en nadie. Me convierto en nada. Y en esa nada aparece algo parecido al alivio. ¿Será así morir? ¿Será así la plenitud? ¿Será así llegar hasta Dios? Lo cierto es que no molesta y por un rato, alcanza.

Niyen Emanuel Pibuelniyenpibuel2215@gmail.com

Frente a la inminente escasez de recursos y el agravamiento de la contaminación global, urge abandonar el viejo paradigma centrado en la eficiencia del capital y del trabajo, y adoptar uno nuevo: el de la productividad de los recursos. Será necesario crear organismos supranacionales que controlen el uso de los recursos naturales y evalúen el impacto ambiental de cada sector empresarial. Si las empresas ignoran el medioambiente, producen más barato, pero con cargo al ecosistema. A eso se suma la nociva obsolescencia programada, común en muchas industrias. Consiste en fabricar productos con una vida útil reducida o diseñarlos para que queden rápidamente desactualizados, ya sea por desgaste deliberado o por presión simbólica. En este último caso, la publicidad impone modas, desplazando lo que aún funciona. Esta lógica de reemplazo responde a un mundo que ya no existe, donde los recursos parecían infinitos y nadie hablaba de sustentabilidad. Desde una perspectiva ecológica, forzar la renovación constante de bienes es un sinsentido productivo.

Naturalizamos prácticas nocivas para el planeta para sostener nuestro delirante consumo. Buscamos en los objetos lo que nos falta por dentro. Solo cuando logremos identificar ese vacío que alimenta el consumo, podremos empezar a cambiar. Hasta entonces, seguiremos siendo prisioneros de un modelo que nos empuja a devorar el mundo sin pensar en el mañana.

Ps. Jorge Ballariopsicologo.ballario@gmail.com

En febrero, un recital en Ferro de YSY A, sumados el volumen, los decibeles extremos y el pogo, habría sido la causa de temblores de los edificios en altura en Caballito y alrededores. Se les movían mesas, sillas, lámparas. Todos pensaron en un sismo. Nuestro edificio frente a Parque Centenario fue perjudicado en una grieta en el tanque de agua. Cuántos edificios más cercanos que el nuestro habrán tenido fisuras en construcciones de altura. Paredes, tanques de agua que nadie mira si no vienen a hacer la limpieza. Este año habrá más recitales en Ferro (Bersuit Vergarabat, Miranda, Babasónicos, Bunbury, La Vela Puerca, Los Fabulosos Cadillacs). Por eso le solicitamos al jefe de Gobierno, Jorge Macri, tenga a bien conversar con las autoridades de Ferro y los organizadores de los shows para evitar riesgos varios. Muchas gracias por lo que pueda hacerse. Hablando, la gente se entiende.

Rosa Amelia Pazrpaz25@hotmail.com

Repetidores de consignas de cada bando de la grieta, con igual fervor místico sobreactuado, disputan la política como un artículo de fe. En el Congreso, se cruzan insultos y hasta un curioso interés por la etología de la Dra. Elisa Carrió, por supuestos comportamientos felinos. Estas anécdotas alimentan las imperdibles editoriales humorísticas de Alejandro Borensztein. Pasamos de ciclos de desajuste con efectos inflacionarios, a otros de ajuste con consecuencias sociales. Los sindicatos reclaman por la caída del salario y las cámaras empresariales insisten en que la baja de la inflación es condición necesaria, pero no suficiente. Claman por: reforma laboral, impositiva, liberación del cepo para empresas y seguridad jurídica. La mudanza a una realidad tan diversa parece ilusoria sin un esfuerzo compartido. Convengamos en que si bien la presión impositiva es alta, la evasión es de un 50% y la informalidad tampoco ayuda a bajar el déficit.

Alfredo Belasioalfredobelasio@yahoo.com.ar

Datos de la UCA establecen que más de 4 millones de chicos no tienen la alimentación mínima e indispensable para su crecimiento. Peor todavía, que no llegan a las comidas diarias que se necesitan. Cómo es posible que en esta bendita Argentina podamos producir toneladas de alimentos pero que, sin embargo, no todos lo puedan recibir. Este problema viene desde hace más de 40 años. Ha fallado la política evidentemente. Eso sí, esa falla se manifiesta para los ciudadanos comunes porque los políticos no tienen falencia de alimentos. Con sueldos millonarios, dietas, desarraigos, pasajes y todo tipo de beneficios no se dan cuenta que es hora de trabajar para los que menos tienen.

Esteban A. Trefilettietrefiletti@sinectis.com.ar

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